Y cuando el dinosaurio despertó, Carver bebía, el oro de los tigres deslumbraba a Borges, Millás atendía el teléfono. Macondo entonces fue un sueño, una plegaria de Capote perdida en la lejanía de Bowles. El hombre ya no estaba allí. Solo encontraron un relato. Apenas un destello de vida.

2/24/2007

Esperando a los bárbaros


Lo proclaman sus estandartes en los caminos: más pronto que tarde un manto verde acabará con la cosecha, el mar se esconderá tras las ventanas, callarán los grillos en verano y las moscas serán mariposas inertes en el termostato del aire acondicionado. Adiós ríos, adiós montes, extraviadas para siempre las oscuras golondrinas en tu balcón acristalado sin nidos que colgar. Se acercan. Los cascos de sus caballos rompen el silencio del valle. Inmejorables vistas, financiación a su medida, rentabilidad asegurada. Vendrá el progreso y nos hará más pobres.



Foto: Zahara, Cádiz
Sábado, 24 de febrero 2007

2/17/2007

San Valentín, yo no te olvido


Conocido en España por su papel de san Valentín en "El día de los enamorados", Jorge Rigaud murió en un geriátrico de Leganés en 1984. Pocos días antes, Rigaud, que tenía 78 años y vivía de una pensión mensual de 40.000 pesetas y los réditos de sus ahorros, había sido atropellado por una moto en la Gran Vía. Aunque en principio los médicos le diagnosticaron sólo una contusión en la pierna izquierda, horas después de abandonar el hospital el actor se desmayó mientras paseaba por la calle. Extrañados por su ausencia, la asistenta y el portero del edificio tardaron más de veinticuatro horas en dar con él en el área de urgencias del centro sanitario. Al parecer, había perdido casi enteramente el habla y la memoria pero los responsables del servicio insistieron en que debían darle de alta. "Dijeron que si no nos lo llevábamos nosotros, lo conducirían al albergue municipal o a algún asilo benéfico", contó el conserje a los periodistas. Tras varios días de tira y afloja, al fin se encontró una institución privada donde internarlo. Apenas una hora después del ingreso, Rigaud, que había nacido en Buenos Aires el 11 de agosto de 1905, falleció. Su aspecto era muy diferente al de aquel San Valentín que llegaba a la Tierra en autobús. Según el personal del centro, "estaba sucio, sin afeitar y con la ropa rota"

2/14/2007

Con ansias y esperanzas de un querer



Antes de que retire el papel de regalo de la cajita que has dejado sobre la mesa, alza la voz y pon los puntos sobre las íes: idiota, inútil, imbécil. Me lo merezco, el rapapolvo digo. Ni hago nada, ni sirvo para nada, apesto a fracaso. Por mucho interés que ponga en cada una de las atenciones que te dedico, cualquiera, hasta la criatura más estúpida, sabría cómo agradarte mejor que yo. Sí, llevas razón: vivir conmigo, al albur de mis cambios de ánimo, de mis depresiones, de mis extravagancias, es un suplicio. Por eso debes desquitarte. Aprovecha cualquier tontería, un comentario sin importancia, un gesto, una caricia a destiempo, y saca tu genio, todo tu carácter, esa forma de ser, ruda y distante, que los demás consideran la clave de tu éxito y yo el mayor de tus atractivos. Sin perder la sonrisa, llámame escoria, ruin, aguafiestas, mierda y comemierda, nombra a mi madre, enumera todos los errores que cometí en el pasado, repasa la vacuidad de mi existencia, insiste en lo insignificante que soy y, por si lo hubiera olvidado, demuestra quién manda aquí, repite que todo, absolutamente todo, te lo debo a ti, es obra tuya, te pertenece. Mis lágrimas, los balbuceos, no han de conmoverte. Cuando con tanta tontería haya acabado por desesperarte, mírame con desprecio y, con la certeza del ilusionista ante su truco, agita la mano delante de mi cara, haz un chasquido con los dedos y saca de la chistera esa orden que me aterra: desaparece, vete al carajo, largo de aquí, fuera de mi vista, a la puta calle, olvídame.

ÚLTIMA HORA: Enamorados del mundo entero intercambiarán millones de regalos como celebración del día de San Valentín, un mártir cuyo aniversario la Iglesia católica dejó de celebrar a partir de 1969 por dudar de su identidad e incluso de su existencia.

Terra.es

2/08/2007

Prudencia y respeto (al pie de la noticia)


Un día faltó al trabajo, no se encontraba bien. Alguien, con criterio, sopesó el dato y consideró que sí, que constituía una noticia importante, digna de la portada de una revista, de ser analizada e, incluso, debatida en el ágora televisivo. Quienes pasamos por delante del quiosco o de la tienda de electrodomésticos fuimos informados con puntualidad de la contingencia y las posibles causas. Con la energía que se administraba la cucharada de aceite de ricino, supimos sus desengaños e ilusiones sentimentales, de las idas y venidas y, cómo no, la aparente mejoría que experimentaba su ánimo. Ayer, sobre la imagen ralentizada de una mujer joven que trata de proteger a una niña de flashes, cámaras y micrófonos, alguien quiso contar la última hora. El reportero quizás balbuceó pero los hechos se relataron según se sucedían. Nuestro derecho a la información, una vez más, había quedado a salvo. Reclamar prudencia y respeto ya era, a esas alturas, mucho pedir.

2/04/2007

¿Cambio climático?

Que la temperatura media del planeta subirá entre 1,8 y 4 grados; que habrá más días de calor, menos lluvia, poco invieno; que no quedará playa ni hielos polares; que el ser humano es el único responsable; que el desierto habrá acabado con el viñedo y rodeará amenazante mi casa; que el viento será un tornado, el futuro una incógnita, la vida una muerte lenta... Más que las conclusiones de los expertos sobre el cambio climático, me inquieta la reacción que suscitan entre quienes me rodean; «No veremos nada de éso, tardará en llegar -aseguran confiados. Para entonces, habremos muerto.»

2/01/2007

Días (sin) cine


Fernando Tejero y Diego Martín describen unos personajes que no recuerdo haber visto en la película. El director, David Serrano, dice que se documentó en varios libros para recrear la época del destape. "Durante el rodaje hubo días que no tuve que hacer nada", asegura el cineasta para defender el trabajo de sus actores. Están todos tan contentos con el resultado que ya preparan la secuela, Días de circo, Días de fútbol 2, Días de nada. Qué más da. Cero por cero es siempre cero.

1/21/2007

Esperando el invierno

No soy yo él que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.
Juan Gelman
Foto: Acantilados de Maro. Domingo 22/01/07 13:00

1/15/2007

Año nuevo. Cortar y pegar

Dios hace tiempo que se marchó de este mundo, sentencia un personaje en el trailer de "Diamantes de sangre", la última película de Leonardo Di Caprio. Podría servir para empezar. A Matilde Horne, de 92 años, la traductora de 'El señor de los anillos' a la que le dieron un millón por el trabajo de toda una vida, le parece "hermosísima" la palabra llovizna, "con esa elle como tartamuda y los sonidos que vienen a continuación ". En cambio, muñón le estremece, "es un trozo de carne que no está vivo, pero tampoco está muerto". Matilde cobra trescientos euros al mes y vive en una residencia de ancianos. Tengo el recorte del periódico sobre la mesa para escribir unas líneas en cuanto tenga clara una idea. También quisiera decir algo sobre la imagen de Saddam con la soga al cuello, los réditos electorales que devengarán ciertas actitudes ante el terrorismo, o "La primavera romana de la señora Stone", que Bruguera ha publicado hace poco. Debería ordenar un poco los conceptos. "Trato de averiguar de qué escribo al tiempo que escribo", Marías dixit. Y los días pasan. Sigo perdido.

1/12/2007

il nuovo album della Divina

Aboliamo gli auguri

Caro 2007, va tutto bene. Conviene abolire gli auguri per mancanza di necessità. Da molti anni si vive una tale escalation di felicità civile che appare inutile, se non addirittura iettatorio, immaginare cambiamenti. La mania di perseguire nuovi traguardi viene a sproposito quando la perfezione è ormai acquisita.
Gli intelligentissimi, i lustrini, l’informazione puntuale e plurale coprono la diffusione televisiva da mane a sera. È meglio che non si modifichi la sontuosa e sostanziosa parte catodico-passiva della nostra vita.
Se la fase uno di ogni idea o campo d’azione è ottimale, non c’è bisogno di fasi due. Ci sono sufficienti tasse da pagare e sufficienti evasori. Tutti i doveri e tutti i diritti si bilanciano così bene che quasi si confondono, si annullano, svaniscono, togliendoci dall’impaccio di doverli riconoscere.
Le parole dette e stampate in privato e in pubblico sono così urlate che nessuno può sostenere di non essere stato raggiunto dal messaggio e se inducono sbadigli, niente di male. Si sarà prodotto un risparmio, socialmente benvenuto, sulle benzodiazepine.
Per quanto riguarda l’istruzione, tutto è già previsto. Come sempre, secondo una esperienza consolidata, la formula dell’esame di maturità anche l’anno prossimo cambierà.
Tutto a posto. Quale miglioramento pretendere per i cosiddetti giovani? È ben noto che non vi è tutta questa urgenza per il loro inserimento. Ci sono pur sempre i cosiddetti vecchi che, indipendentemente da acciacchi, menomazioni e aggiustature, mantengono la loro validità in politica, spettacolo, giornalismo, finanza, potere in senso lato. Qualcuno afferma addirittura che quel profumino di stantio che emanano sia patrimonio anche per le future generazioni.
Quando una società è in crisi, diventa fondamentale investire in ricerca. Siccome l’Italia non investe in ricerca, vuol dire che non è in crisi. Un assioma che è una garanzia.
La morte. Anche quella sventura è stata risolta. Ognuno può giocarsela come vuole. Intendo la propria e quella degli altri. Tutti possono esprimere azioni e pareri in proposito. Non è vietato, ma conveniente e corretto. Abbiamo imparato a fare distinguo di bene e male su eutanasia, condanna a morte, vittime, carnefici. In fondo è vero. Ogni morto e ogni facitore di morte hanno effettivamente le proprie ragioni. Perché non riconoscerle? Non sarà per quel sottilissimo filo di strumentalizzazione che si dovrà rinunciare alla potentissima lusinga di potersi schierare. Se ci pensiamo bene, questa è la descrizione della libertà.
Caro 2007, mi correggo. Aboliti gli auguri per mancanza di speranza.


La Stampa, n.335 31.12.06

1/01/2007

Un punto de partida

Un día mis palabras te consolarán, como las tuyas nunca
podrán hacerlo.

Paul Bowles

12/31/2006

v.o.s.

Porque no sabemos cuándo moriremos,nos creemos que la vida es un bien inacabable. A pesar de que las cosas sólo suceden un cierto número de veces; y un número muy pequeño en realidad. ¿Cuántas veces recordarás una tarde concreta de tu infancia, una que es una parte tan profunda de ti que ni siquiera puedes concebir tu vida sin ella? ¿Quizá cuatro o cinco veces? Quizá ni siquiera eso. ¿Y cuántas más verás alzarse la luna llena? Tal vez veinte, y aún así todo parece ilimitado.

El cielo protector
Paul Bowles

Because we don't know when we will die, we get to think of life as an inexhaustible well, yet everything happens only a certain number of times, and a very small number, really. How many more times will you remember a certain afternoon of your childhood, some afternoon that's so deeply a part of your being that you can't even conceive of your life without it? Perhaps four or five times more, perhaps not even that. How many more times will you watch the full moon rise? Perhaps twenty. And yet it all seems limitless.
The Sheltering Sky
Paul Bowles

12/27/2006

365-4=

Y cuántas veces más verás la luna llena

12/21/2006

El poema recuperado

Desde el empotro

Tengo un vaso en la mano que te llama
y un poema en los labios que decirte.
Desde el empotro, quiero repetirte
que solo permanece lo que se ama:
esta vieja amista que nos inflama
llamando al corazón para sentirte.
Volver un año más para pedirte
el brindis que la vida nos reclama.
Es el amor, que dulcemente llega...
Por éso, en el umbral del vino nuevo,
tiendo mi mano abierta a quien me niega
y pago al que ofrendí lo que le debo.
Desde la soledad de mi bodega,
por tí levanto el vaso -amigo- y BEBO.

Francisco Creis Córdoba


Anabel, tan atenta siempre, puso orden en las cosas y en la memoria. Gracias

Tempus fugit

Cada año, a finales de noviembre, busco en el laberinto de mi desorden la tarjeta con un soneto, el dibujo de Gregorio Prieto y cuatro o cinco líneas manuscritas en las que Francisco Creis, tan elegante como afectuoso, dejaba constancia de sus mejores deseos. Para mi desdicha, el destino no sólo nos arrebató un buen amigo hace algún tiempo sino que ha escondido, espero que no para siempre, en los confines de mi desorden la precisa combinación de cuartetos y tercetos que en Navidad me ayudaban a conjurar, entre tanta felicidad impostada, la nostalgia, el peso de la vejez, la incertidumbre frente al calendario. No queda aquí la maldad de los hados. A falta del documento impreso, mi memoria, siempre terca en lo preciso, se resiste a devolverme el poema. Como el diabético metódico que contase los dulces y los volviese a contar, renuncio a la totalidad del festín; aceptaría al menos cuatro o cinco versos. Los primeros, quizás, que situaban al autor en el silencio de su bodega, saboreando el vino mientras recordaba a quienes había querido. O el remate, tan intenso y rotundo como el mejor de los brindis. ¿Dónde está Paco? ¿Dónde la bodega, el vino, los viejos amigos, la alegría de otra época? ¿Dónde está el soneto de Paco? ¿Dónde, mi memoria? Ubi sunt qui ante nos in mundo fuere?

12/20/2006

Navidad (o éso dicen)

El fin de año huele a compras,
enhorabuenas y postales
con votos de renovación;
y yo que sé del otro mundo
que pide vida en los portales,
me doy a hacer una canción.
La gente luce estar de acuerdo,
maravillosamente en todo
parece afín al celebrar.
Unos festejan sus millones,
otros la camisita limpia
y hay quien no sabe qué es brindar.
Mi canción no es del cielo,
las estrellas, la luna,
porque a ti te la entrego,
que no tienes ninguna.
Mi canción no es tan sólo
de quien pueda escucharla,
porque a veces el sordo
lleva más para amarla.
Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud;
pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.
Por eso canto a quien no escucha,
a quien no dejan escucharme,
a quien ya nunca me escuchó:
al que su cotidiana lucha
me da razones para amarle:
a aquel que nadie le cantó.

Silvio Rodríguez

12/18/2006

Desde Diomira. Tráfico lento


La muchacha rubia sacó un paquete de tabaco del anorak. Retiró el precinto con torpeza, sin dejar de tiritar. El temblor se trasladó al cigarro, a la cajetilla que acercó a los otros conductores. Desde lejos seguían el ir y venir de los bomberos. Alguien masculló una queja. Durante un instante cruzaron las miradas. Hubo quien consideró de mal gusto el comentario pero el hombre llevaba razón: todos tenían prisa. Él consultó la hora y confirmó que no llegaría antes de las tres, demasiado tarde. Qué lástima de familia... –se lamentó la rubia. En plena recta –observó uno– no tiene explicación... El chófer dio una cabezada y al espabilarse pegó el volantazo –concluyó el más joven. Ay, en estas fechas –insistió la mujer. En la pensión, él había buscado toda la noche argumentos para explicar que no quedaba dinero, ni servirían las tarjetas, que habría que resignarse a cenar cualquier cosa. Pretendía llegar al banco un minuto antes de que cerraran, suplicar, llorar. ¿Quién sería capaz de negar un poco de consuelo en Nochebuena? De pronto, apareció la furgoneta atravesada en la autovía y... El as se le quedó en la manga. La grúa izó el esqueleto metálico, que se balanceó como un ajusticiado. Bueno, ya está –suspiró la del anorak. Los testigos emprendieron el regreso a sus vehículos. Sí, sería un buen pretexto: cortaron la carretera, estoy atrapado... Bajó la vista. Sólo tenía que disimular otra vez. Anduvo unos metros. Cogió una caja, dos, incluso podría acarrear tres. Y un poco más allá dio con la cartera, negra, alargada, de cobrador. Descorrió la cremallera. Entre las facturas sobresalían los billetes, marrones la mayoría, morados algunos. Sin correr, con mucha naturalidad, salió al campo. Encontró refugio en una pequeña hondonada. Se sentó a esperar. La tierra estaba húmeda. Respiró hondo.


Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades.
Italo Calvino

11/29/2006

El camino, los ingleses. Nosotros también espera(ba)mos la lluvia en el verano.

El Camino de los ingleses es de ida y vuelta. Te lleva y te trae. Esa senda me condujo hace años a un caserón frente del bar en el que se reúnen los chavales de la película de Antonio Banderas. El bar conservaba el porte de vieja taberna, anterior a la invasión de la cocacola, el acero inoxidable, la televisión y la música estridente. En su terraza, los extranjeros –ingleses o no- pasaban las horas disfrutando del sol y una copa de vino. Desde el ventanal, afligido, varado, los observaba con envidia. Sí, sería agradable agarrar un libro y perder la mañana o la tarde sentado en las sillas de hierro, pero un raro pudor, el pánico al tiempo malgastado, lo impedía. Luego, volví por fin al camino y La Fonda del Sol pasó a engrosar la lista interminable de lugares en los que quise demorarme. Di por hecho que la burbuja inmobiliaria habría acabado con ella, como con tantos escenarios de mis recuerdos, hasta que Banderas me puso delante de los ojos esa hermosa metáfora de los anhelos perdidos, de la juventud marchita. Allí, en la pantalla, resistían el bar, la fachada encalada, las rejas verdes, sin que uno supiera con certeza si estaban en pie o era una más de las muchas mentiras del cine. Por una vez, no se trataba de un espejismo. Allí quedará para siempre, a salvo de especuladores y olvidos, la taberna. Como la lluvia, el verano, el Paraca, la Gorda de la Cala y los versos de Miguelito, que acaso fueron también los míos. Como ese camino que según la actriz puede ser un mundo entero y que uno recorre, a veces extraviado, a veces exultante, hacia cierto o ningún lugar para detenerse, buscar una mesa, abrir un libro y perder la mañana.




11/28/2006

Está escrito

Quizás hace años le habría bastado un elogio a los macarrones, un poco de lectura tras el almuerzo, cualquier ironía sobre mi edad, para distraerme. Con bastante facilidad, yo mordería el anzuelo sin advertir su insistencia en consultar el reloj, en aparentar que duerme la siesta, en desear sigilosamente que el tiempo pase, que den las cinco, para colgar el traje y buscar unos vaqueros, una camisa, el jersey verde que le regalé en Reyes. "¿A quién se le habrá ocurrido organizar un curso a esta hora? Puede que vuelva tarde, ya sabes cómo son estas cosas..." Conozco bien el lugar donde el infeliz cree que lo esperan. Ha prometido llegar por detrás, poner su mano en la cintura del otro, pero le faltará valor. Se contentará con observarlo mientras reproduce, palabra por palabra, las frases que escriben cada noche, cuando mi marido se queda desvelado hasta las tantas y se apodera de mi nombre, mis fotos, mi ropa, mi perfume. A esa hora, el otro, sin embargo, estará en otra parte, contemplando las postales, seguro de que en breve unas manos, las mías, le taparán los ojos y una voz, la mía, susurrará su nombre. Me reconocerá, se dejará arrastrar al taxi, a una destartalada pensión en la que, hacia medianoche, al huir, la impostura me hará sentir culpable, ridícula. Quizás hace años habría sido más fácil encontrar una excusa: qué tarde hemos salido del cine, ya sabes cómo son mis amigas, no esperaba que terminaras tan pronto. Esta vez no. Sólo cruzamos una sonrisa, un gesto, antes de dejarme caer en el sillón, el mío, el más cercano a ese teléfono desde el que mañana una voz acariciará mis pezones, besará mi cuello, acariciará mi cuerpo hasta completar, palabra por palabra, el guión que otro escribió de madrugada.


Foto: mlook's/www.flickr.com

Confirmado: la belleza existe


"...Más que un disco es un milagro. Es aire para respirar, un certificado de que la belleza existe y de que el juego creativo es la savia que nos permite andar sobre dos piernas pensando que somos capaces de tocar las estrellas."
Pilar del Río

11/23/2006

Y al final de la peli...




Te regalo mi sol, mi luz, mi playa
Te comparto mi dicha y mi pesar
Te doy las llaves de mi casa y mi confianza
Te cocino y te llevo a pasear
Te regalo la sal de mis historias
Te comparto mi fuerza y mi debilidad
Te muestro el cielo al que también llamamos gloria
Te regalo mi voz, mi libertad
Solamente hay algo que yo me quedaría
Es la imagen de un santo que me cuida noche y día
Te regalo mis fotos preferidas
Te comparto mi humana condición
Te llevo más allá del límite y medida
Me convierto en tu amiga, la mejor
Te llevo más allá del límite y medida
Me convierto en tu amiga, la...
Solamente hay algo que yo me quedaría
Es la imagen de un santo que me cuida noche y día
Solamente hay algo que yo me quedaría
Y es la imagen de un santo que me cuida noche y día
Pero en mi playa, estará el sonido del mar para ti
Rompen las olas del mar

Ely Guerra
Mi playa

Principal acusado

Mi foto
"Todo misterio resulta al fin una trampa. El rastro de Miguel Fernández, su espejismo, conducen a la nada. Inventarlo fue mi error. Conocerle, mi tragedia.”